miércoles, 30 de mayo de 2007

Tráfico de fósiles : negocio redondo


por Ximena Pascutti
Diario Perfil
Argentina


Ulrich D. es alemán y amante de los fósiles. En enero de 2002, un viaje de tres meses por la Argentina le alcanzó para hurgar con sus dedos expertos en suelo santacruceño. De sus cunas de tierra milenaria extrajo huesos de dinosaurios rellenos con ágata, conos de araucaria petrificadas -únicos en el mundo- y otras tres mil piezas paleontológicas invalorables para la ciencia, que terminaron en su museo privado en la ciudad de Heppenheim. Verdaderos hallazgos, salvo por un detalle: en la Argentina, fósiles y yacimientos son propiedad del Estado según establecen las leyes locales desde hace casi cien años.
La ecuación es sencilla:
a. El tráfico de fósiles ocupa el tercer puesto a nivel mundial luego de las drogas y las armas. Y según la INTERPOL, en la Argentina mueve unos 2 millones de dólares al año.
b. El territorio argentino está sembrado de joyas prehistóricas, desde el surgimiento de los dinosaurios hasta su extinción, quizás solo comparables con las de yacimientos de China y Canadá. Y es difícil controlar.
Conclusión: la Argentina es la meca de los traficantes.
El circuito. Huevos de dinosaurios, dientes, garras. La semana pasada y a través de la Cancillería argentina, el Juzgado Federal Nº1 de Río Gallegos envió a Alemania un exhorto solicitando el secuestro y la restitución de las piezas extraídas por Ulrich D. en 2002. INTERPOL, que participó de la investigación, halló la punta del ovillo en el lugar más insólito: el prólogo de un libro científico escrito por él a partir de sus viajes de “acopio” a la Argentina. Allí se ufanaba de haber sacado las piñas del aeropuerto de Ezeiza “envueltas en ropa interior”.
El caso de Ulrich D. no es el único. Desde 2003, se decomisaron en el país más de 50.000 fósiles camuflados en containers de fruta y piedras semipreciosas, dobles fondos autos y valijas, y en mochilas de turistas. Los registros policiales también hablan de 39 causas, cuatro detenidos y dos condenados con “probation”. Pero el goteo ilegal sigue, hasta en Internet: en sitios como Ebay se ofrecen fragmentos de hueso de “Saltasaurus” a 189 dólares de “Carnotaurus” por 359 dólares (ver recuadro), todos oriundos de la Argentina.
“Los traficantes de fósiles tienen una especial fascinación por los fragmentos de huevos de dinosaurios, seguramente porque son fáciles de extraer y transportar. No es como excavar un fémur de 1,50 de largo, que pesa 90 kilos. Ese trabajo nos lo tomamos solo nosotros”, explica José Bonaparte, un paleontólogo y biólogo de 79 años, referente de los 350 paleontólogos que ejercen la actividad en el país. “La Argentina desde tiempos de Rosas fue un lugar donde se extraían piezas y se mandaban al exterior –prosigue Bonaparte-. El mismo Rosas regaló a europeos una colección muy grande recogida por Muñiz. Pero en esa época no estaba prohibido”, aclara.
El periplo ilegal de estas piezas es similar al de otros tráficos: hay un acopiador primario, un intermediario y un vendedor que ofrece sus productos en ferias o negocios. “Se aprovechan de la pobreza de algunos pobladores y les pagan un par de zapatillas para que les recolecten fósiles cercas de sus casas”, apunta el licenciado en biología Ernesto Rodrigo Paz, del Registro Nacional de Yacimientos, Colecciones y Piezas Paleontológicas, con sede en el Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. “Un par de veces al año esos intermediarios pasan a retirar lo acopiado, lo traen a Buenos Aires y lo venden por internet, en casas de subastas o negocios de gemas o antiguedades de San Telmo”, precisa Paz. “El traficante tiene su circuito, gente que siempre le compra. Pero básicamente trabaja con coleccionistas del exterior”.
De 2003 también data la ley 25.743 (Protección de bienes arqueológicos y paleontológicos) que prohibe en el territorio argentino el transporte, almacenamiento, compra o venta de fósiles locales y extranjeros. A diferencia de su antecesora, de 1913, esta norma establece penas de dos meses a dos años e inhabilitaciones de hasta cinco para quien la vulnere.
Japón, Suiza, Alemania y Austria son algunos de los destinos habituales del mercado ilegal. Pero sobre todo Estados Unidos, donde no está prohibida la extracción ni la venta de piezas paleontológicas. Allí, en Tucson, Arizona, funciona una de las ferias de fósiles más importante del mundo, donde en enero de 2006 se decomisaron siete toneladas de piezas argentinas.
“Todos los fósiles son únicos, aunque no todos importantes. Para el científico el valor está en el objeto, pero también en su contexto. Por eso, cuando la pieza es robada toda esa información registrada en el substrato o en la roca huésped se pierde para siempre”, advierte Bonaparte, quien en 1985 descubrió el “Carnotaurus”, el primer ejemplar conocido de dinosaurio carnívoro con cuernos, entre una docena de descubrimientos de fama mundial. “Además, se priva a las generaciones futuras de datos que seguramente ellas podrían conocer con nuevas tecnologías”.
La paleontóloga Silvia Césari, presidenta de la Asociación Paleontológica Argentina, acuerda: “los fósiles que se reintegran a nuestro patrimonio no podrán ser objeto de estudios científicos relevantes y solo podrán, en muchos casos, formar parte de material didáctico para clases o de vitrinas de museos”.
Fuego cruzado. En diciembre, la Secretaría de Cultura de la Nación lanzó una campaña para concientizar a los ciudadanos sobre la necesidad de proteger los bienes culturales, que empapela 14 aeropuertos y dos puertos internacionales, así como 50 pasos de frontera y museos nacionales. Para los expertos no alcanza. “Tendrían que otorgar más presupuesto para que no sean los empleados de los museos locales y los científicos los que cuiden las reservas fosilíferas de todo el país. Esa no es su tarea”, protestan en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. “Se dice mucho y se invierte poco. Por ejemplo, las cuatro personas contratadas en el Registro Nacional de Yacimientos, dos paleontólgos, un abogado y un administrativo, tienen dedicación full time, pero ganan 800 pesos y deben documentar las piezas de todo el país. ¿No será demasiado?”, adiverte.
El paleontólogo Rodolfo Coria, del museo “Carmen Funes” de Plaza Huincul, Neuquén, va más allá: “Llama la atención la inacción en las operaciones de control en zonas fronterizas, así como rutas y caminos internos del país. Los minuciosos controles de la Policía Aeroportuaria en las terminales aéreas contrastan con la virtual carta blanca que existe en las terminales de ómnibus”, expresa Coria. “En las bauleras de los micros de larga distancia se puede transportar cualquier cosa: huesos de dinosaurios, troncos fósiles, momias, vasijas, y ni hablar de drogas, armas, explosivos. Las máquinas de rayos X brillan por su ausencia”, remarca.
Otro problema, dice el experto, es que la ley vigente no facilita el trabajo de los científicos. “En algunas provincias se debe esperar no menos de un año (y algunos siguen esperando) para que las autoridades de aplicación de las leyes se expidan con los permisos de exploración o de préstamo de materiales para su estudio. Esto es grave porque es el estudio lo que transforma un fósil en patrimonio cultural. Las exigencias para la concesión de permisos en algunos casos son de cumplimentación casi imposible, y la consecuencia es, en el mejor de los casos, la parálisis de la actividad científica, cuando no, la decisión desesperada de actuar sin el dichoso permiso”.
Los coleccionistas. En el mundo “paleo” los únicos que no protestan son los caracoles fósiles. “A nosotros nadie nos consultó a la hora de escribir la ley de 2003”, se queja Eduardo Jawerbaum, coleccionista desde hace 30 años. “La ley no hace distinción entre piezas recolectadas aquí o en el exterior. Nos impide engrosar nuestras colecciones. Es insólito, porque existen millones de fósiles de escaso valor científico y el costo de nuestro país al registrarlos es más alto que el valor de los mismos”, asegura. Y propone: “La mayoría de los museos del mundo nacieron como colecciones privadas. Un coleccionismo controlado por los museos es la solución. Su personal debería acompañarnos a buscar fósiles: así incorporarían fondos al cobrar la expedición y obtendrían piezas nuevas”.
También hay quejas en el museo de Parque Centenario, pero por otros motivos: “No participamos de la redacción de la ley, que vino de tres provincias, con empuje de los arqueólogos”, admite en off un experto reconocido. “La mayoría de la comunidad paleontológica no está de acuerdo con esta ley; no queremos que se venda nada. El artículo 19 permite a los coleccionistas ofrecer al Estado cualquiera de su piezas, para que vuelvan a este, pero nadie les pregunta cómo las consiguieron”, protestan, en imaginada trinchera.
“Hazte fama y échate a dormir”, dice el dicho. Lástima que a los dinosaurios nadie los deja.

Recuadro

El sitio http://www.dinostore.com/ muestra algo parecido a una piedrita, pero que cuesta tanto como un televisor de plasma o un pasaje a España.
La descripción aclara: “Trozo de huevo de saltasaurus robustus, formación de Allen, Patagonia argentina, 1295 dólares”.
Otra página, http://www.fossilplants.com/, publica la foto de una piña de conífera, de esas que tapizan los bosques patagónicos en otoño. Pero más abajo indica: “Cono de araucaria mirabilis, Jurásico, Bosque Petrificado, Cerro Cuadrado, Argentina: 299 dólares”.
Es que en Internet casi todo es posible. Incluso que se ofrezcan a la venta, en sus aguas hoscas, fósiles argentinos cuyo comercio y traslado están prohibido por las leyes locales.
Cientos de tesoros paleontológicos sustraídos del territorio argentinos -sobre todo patagónicos-, aparecen diariamente publicados, a la venta, en un puñado de sitios de aquí y de allá. Y aunque las autoridades policiales lo saben, la virtualidad del delito les complica la tarea. Desde trilobites a 100 dólares, hasta dientes de tiburones prehistóricos, conos de araucaria hasta pesuñas y huevos de dinosaurios. Por la antigüedad y la variedad de sus piezas, la Patagonia es una de las zonas más habituales de recolección. También por su extensión y la dificultad de las autoridades para controlar los yacimientos. Los ejemplos abundan. En la página http://es.clasificados.st/ puede leerse: “Vendo tronco fósil conífera, data de 150 a 200 m de años, Patagonia argentina, observar detalles de corteza y nudos de rama, anillos, solo para coleccionistas. (mi localidad es Córdoba)”, anuncia alguien que se esconde en el cyber espacio.

1 comentario:

Carlos Valera dijo...

Soy de venezuela y tengo una variadades de fosiles muy interesantes tengo un craneo totalmente petrificado no se si es de humano tengo otros muy raros y no e conseguido quien me puede desir o ayudar