viernes, 8 de diciembre de 2006

Soy un chico malo:contamino el planeta







Luis Felipe Gamarra Gamarra
Revista Somos
Perú
Me llamo fulano de tal y contamino el planeta. Me gusta tener mi casa tan iluminada de noche como de día, dejar el televisor en "stand by", manejar mi vehículo a diario y dejar la terma encendida durante horas. No reciclo, no monto bicicleta, ni utilizo el transporte público. Sólo para poder escribir este texto, debo haber emitido cerca de tres kilos de dióxido de carbono –CO2, el principal gas de efecto invernadero– entre el consumo de una lámpara de tungsteno de 75 watts, una computadora, un televisor y un DVD, paralelamente encendidos durante ocho horas consecutivas. Eso, sin medir el consumo de energía de una rotativa gigante, de los árboles que se talaron para imprimir este papel, hasta los galones de diesel que se utilizaron para repartir esta revista. Soy un chico malo.
En el último año, he emitido 9.06 toneladas de CO2 por la basura que genero, la electricidad que desperdicio, los televisores que dejo encendidos y, entre muchas otras cosas, por comer mucho pollo a la brasa, parte pierna, básicamente. Para resarcir el daño, según Jorge Álvarez Lam, coordinador en inventarios y mitigación de contaminantes del Consejo Nacional del Ambiente (Conam), debería plantar seis árboles y reemplazar 181 bombillas de tungsteno por focos ahorradores. Así, al menos, repararía el daño que le he producido al planeta en los últimos 29 años, por ahora, sólo por existir. Alvarez Lam, puede hacerte sentir muy mal. Las 249 toneladas de CO2 que he emitido en toda mi vida han sido mi mejor carta de presentación. Basada en modelos desarrollados por el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), la cantidad de metano que genera cada uno de los 24 departamentos del Perú y los 43 distritos de Lima, los equivalentes de CO2 que se emiten por quemar leña o carbón para cocer un pollo o una carne a la parrilla, así como los efectos del consumo de la gasolina, el diesel y el GLP, la fórmula de Álvarez es capaz de medir el daño que cada sujeto le hace al planeta.
Para aquellos que izaban su banderita verde, para los que le echaban la culpa de todo a George Bush por no haber ratificado el protocolo de Kyoto –aquel compromiso de 178 países industrializados por reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero– y para los que acababan de incluir a Al Gore en su lista



de favoritas al Oscar, he aquí un verdadero dilema: plantar árboles, reemplazar bombillas, o morir. "Todos dejamos una huella ecológica en el planeta. Lo ideal es hacer que nuestro paso por el mundo no deje muchas consecuencias", me dijo Jorge Álvarez e imaginé a un canguro atrapado en una cristalería. "Yo, por ejemplo, en el último año, he emitido 7 toneladas de CO2, mi jefe emitía 8, y así muchas personas del Conam. Casi la misma cantidad que una persona promedio en Estados Unidos, con sus motores petroleros y su nivel de vida tan avanzado". Álvarez Lam me explicó que un análisis del Ministerio de Energía y Minas registró, en el año 2000, que en el Perú sólo se aprovecha el 34% de la energía que producimos, el resto, la desperdiciamos.
El nivel más alto de derroche lo registró, nada menos, el hogar: 78% de ineficiencia, es decir, CO2 que generamos, literalmente, para nada. Según el último Living Planet Report, publicado en octubre de 2006 por el World Wildlife Fund (WWF), emitimos nueve veces más dióxido de carbono que en 1960 por la descontrolada sed de petróleo de países como Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Finlandia, Canadá, Kuwait, Australia, Estonia, Suecia, Nueva Zelanda y Noruega. Continentes como América del Norte y Europa han duplicado sus necesidades versus sus recursos locales. El reporte indica que, actualmente, necesitaríamos otro continente del tamaño de América, con todos sus recursos intactos (antes de la industrialización) para poder abastecernos durante los próximos 25 años, en los que, según la International Energy Agency de París, 60% más de energía que los parámetros de 2005. En el 2050, la cantaleta será otra: necesitaremos otro planeta del tamaño de la tierra para poder abastecernos. La era del hombre de hidrocarburo podría ser la última de todas.

Nevado avisa
Hace 15 años visitó el nevado Pastoruri, aquel gigante de hielo que habita sobre los 5,243 metros sobre el mar. Recordaba haber caminado unos metros desde la carretera hasta tocar su primer copo de nieve. Caminó por tres cavernas congeladas y se deslizó por el hielo sin pensar que sería la última. Gabriela Rosas, encargada del Centro de Progresión Numérica del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) regresó al Pastoruri hace dos años y caminó un kilómetro hasta divisar su primer rastro de escarcha. "Recuerdo que ese glaciar estaba más cerca". Según las proyecciones elaboradas por el Senamhi, aquellos nevados por debajo de los 5,500 metros sobre el nivel del mar, como el Pastoruri, desaparecerán. Penosamente, el pronóstico de Rosas coincide con el de Marco Zapata, jefe de la Unidad de Glaciología del Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) en Huaraz. En 1995, el Pastoruri tenía 1.8 kilómetros cuadrados de nieve. En el 2001, se redujo a 1.4. Ahora, según Zapata, el Pastoruri bordea los 1.1. Pastoruri es, en la iconografía de los nevados del Perú, el más importante de la Cordillera Blanca.
A pesar de ser el noveno nevado más alto de Ancash, de una lista coronada por el Huascarán (6768 metros), el Pastoruri es un glaciar emblemático que identifica a ese departamento con el deporte y el turismo. "Hasta la década del sesenta, el nevado retrocedía 8 metros cada años. Desde 1977, hemos registrado que el nevado se derrite 20 metros por año. ¿Es algo natural? Definitivamente que sí". La unidad que dirige Marco Zapata está en busca de un nevado que reemplace al Pastoruri, para no paralizar los ingentes recursos que provee el turismo de altura. Lamentablemente, el Pastoruri, tal como lo hemos conocido, quedará sólo en las pequeñas postales, tal como pasó con los famosos resort de Kitzbuhel, en Austria y el Wilhaus en Suiza. Nevados como el Coropuna, que irriga la pampa de Majes, se ha reducido un 50% en los últimos 50 años. Desde 1970, hemos perdido 7000 millones de metros cúbicos de agua, equivalentes al consumo de líquido en Lima durante diez años. Según el Escenario Climático Futuro de la Cuenca del Río Santa, podríamos tener agua, en el mejor de los casos, hasta el año 2250. Para Zapata, Pastoruri representa una metáfora perfecta de lo que pasará con los nevados del mundo.
Pronóstico Reservado
"No podemos elaborar presupuestos nacionales en base circunstancias que, en un futuro cercano, no podremos controlar", nos señaló Patricia Iturregui, jefa de la unidad de Cambio Climático del Conam. "Imagina que proyectamos explotar una mina y mañana se produce un deshielo y la sepulta, esas cosas no están pasando, pero podrían ocurrir". El próximo año, el Senamhi desarrollará escenarios climáticos a nivel nacional, de modo que las decisiones que se tomen al más alto nivel estén apoyadas en estudios científicos acertados. Eso, para Iturregui, es fundamental. Ella nos recordó el informe que el economista Nicholas Stern elaboró para la administración de Tony Blair, en el que advertía que el calentamiento global provocaría daños numéricos irreversibles.
En un documento de 700 páginas, Stern advertía que las inundaciones producirían el desplazamiento de 100 millones de refugiados 'climáticos'. "A menos que sea algo internacional, no vamos a hacer las reducciones en la escala requerida", concluía Stern en su informe. Inglaterra ha logrado reducir sus emisiones de 776 millones de toneladas de CO2 (1990) a 665 millones de CO2 (2004). Estados Unidos por el contrario, aumentó de 6103 toneladas a 7067. Para ellos, firmar el Protocolo de Kyoto 'va en contra de su economía', Bush dixit.
Si bien Perú solo produce el 0,2% del total de CO2 del mundo, ha quedado demostrado que podemos hacer algo y que no somos invisibles para la atmósfera del mundo. Por lo pronto, llenar la tablita y procurar menos carbono, antes de que el planeta arda como un horno y no exista agua que apague este incendio.

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2 comentarios:

Antonio dijo...

Hola:

Os encontré buscando sobre la huella ecológica.

Muy interesante la exposición.

saludos

Cesar dijo...

Realmente es actuar o morir...